La gente tiende más a compararse con personas que se parecen a ellos, no con personas de niveles completamente diferentes, y todos los que quieren menospreciarte lo son porque te han puesto en la misma clase. Los mendigos no sienten celos de los millonarios, porque su modo de vida, sus círculos y marcos de referencia son completamente diferentes a los de los mendigos, y no pueden despertar el verdadero deseo de compararse. Pero cuando ve a otro mendigo pidiendo decenas de dólares más cada día o ropa más decente, la diferencia entre "el mismo tipo es mejor que yo" le pica directamente, porque ese es el nivel que puede imaginar y sentir que debería haber alcanzado. Esta "envidia de los iguales" suele ser más fuerte y persistente, ya que no solo se trata de dinero, sino también de autoestima, identidad e autocuestionamiento de "por qué no puede hacerlo".