El punto ciego de la humanidad Sobrestimamos nuestra racionalidad porque la correlacionamos con nuestra capacidad para crear herramientas. Nos vemos a nosotros mismos producir complejidad y asumimos que la mente detrás de ella debe ser clara, disciplinada y autogobernada. La fabricación de herramientas se convierte en un sustituto del control interior. Esa correlación es errónea. La fabricación de herramientas es una competencia externa. La racionalidad es una restricción interna. Uno expande el poder. El otro limita el mal uso del poder. Si quitas las herramientas, lo que queda es un sistema biológico moldeado por las presiones de supervivencia. Gran parte del comportamiento se inicia antes de que se comprenda. Actuamos inconscientemente, automáticamente, emocionalmente, impulsivamente, y luego narramos. La narración crea coherencia a posteriori, y la coherencia se confunde con intención. Una mente puede ser brillante explicando mientras sigue siendo guiada por el impulso. La escala convierte esto en un problema civilizacional. Cuando el estatus, el miedo, la imitación y la búsqueda de recompensas dominan el sustrato humano, los sistemas construidos sobre ese sustrato amplifican esas mismas fuerzas. Las herramientas no corrigen al operador, las herramientas aumentan las consecuencias para el operador. Si no fuéramos tan arrogantes, consideraríamos el autoconocimiento, la perspectiva y la lucidez como la primera capa del progreso. ...